Libros, Televisión

Frankenstein y Breaking bad, lecturas paralelas

Dos monstruos

Es bueno hacer lecturas en paralelo porque surgen relaciones que las potencian mutuamente. Uno no lo hace a propósito, sino que es algo espontáneo; necesitamos series y libros al mismo tiempo, igual que la carne y los vegetales (pongo este ejemplo pensando en los vegetarianos, semejantes a quienes no ven series o no leen libros). Así es como leyendo el capítulo III de Frankenstein, donde el estimulante profesor Waldman dice al joven Víctor que “los esfuerzos de los hombres de genio, aún los realizados en el más absoluto de los errores, rara vez dejaban de aportar algún conocimiento beneficioso para el género humano” (54), anoto debajo algo que leí esta misma semana en la Metafísica de Aristóteles: “Es justo estar agradecidos no solamente de aquellos cuyas opiniones uno está dispuesto a compartir, sino también a aquellos que han hablado más superficialmente. Éstos también, desde luego, contribuyeron en algo, puesto que ejercitaron nuestra capacidad intelectual” (1993b 10-15). Ahora me acuerdo de otra lectura, el Ariel de José Enrique Rodó, leído pocos años atrás, que en el capítulo V cita una observación de un tal Bagehot según la cual “los inmensos beneficios positivos de la navegación no existirían acaso para la humanidad, si en las edades primitivas no hubiera habido soñadores y ociosos —¡seguramente, mal comprendidos de sus contemporáneos!— a quienes interesase la contemplación de lo que pasaba en las esferas del cielo”.

Antes de perderme en divagaciones sobre el conocimiento útil que parece inútil, iré a lo que intentaba introducir en el párrafo anterior, que son las relaciones entre el Frankenstein de Mary Shelley y el Breaking bad de Vince Gilligan. El objetivo principal es registrar lo mucho que me gustó el libro; Breaking bad será un medio efectivo porque si algo se parece a esa serie, lo más probable es que me parezca bueno.

Empiezo por algo muy general. En ambas historias no hay desperdicio, no sobran páginas ni minutos. Lo que parece innecesario después se revela como fundamental. Borges escribió en “El arte narrativo y la magia” que una novela “debe ser un juego preciso de vigilancias, ecos y afinidades. Todo episodio, en un cuidadoso relato, es de proyección ulterior”. Por su extensión, este logro resulta más admirable en Breaking bad, aunque es igualmente valioso en Frankenstein.

La anterior es una semejanza débil porque no la demostré con ejemplos y porque la encontraría cualquier fanático en lo que sea que admire (por eso muchos fans de Harry Potter salieron del cine reclamando al ver que las películas omitieron casi todos los partidos de quidditch que los libros presentan pacientemente; ellos los consideraban imprescindibles). Más específico sería señalar el uso del racconto como estructurador de las narraciones con la intención de generar misterio. Cuando vemos Titanic, o más bien, cuando vimos Titanic por primera vez, no sentimos curiosidad por saber cómo es que la joven Rose llegaría a convertirse en la vieja narradora que nos muestran al principio. Ese racconto no generaba preguntas, sino solo una respuesta: que Rose sobreviviría al naufragio. Que la vieja anduviese sin su Jack tampoco producía misterio porque es normal que las viejas enviuden en algún punto desde su juventud. En cambio los racconto de Breaking bad sí son misteriosos. Aunque el ejemplo que tengo más presente es de la quinta temporada, evitaré spoilers mencionando uno del episodio piloto (S01E01). Ahí conocemos a un hombre sin pantalones, desesperado, grabando una confesión en medio del desierto, donde explica que todo lo ha hecho por su familia. Inmediatamente vemos el título de la serie y leemos por primera vez un nombre al cual estaremos cada episodio más agradecidos, el de Vince Gilligan. Luego nos reencontramos con el hombre del comienzo, pero con pantalones (de pijama) y sin desesperación, como un correcto padre de familia que trabaja apasionadamente como profesor de química. La gran pregunta que nos hacemos a lo largo de todo el capítulo es: ¿cómo llegamos de aquí al futuro presentado en el teaser?

Breaking bad, teaser piloto

Frankenstein hace algo parecido. El aventurero Robert Walton escribe cartas a su hermana sobre su viaje al Polo Norte, donde a lo lejos distingue “un trineo tirado por perros y conducido por un ser de formas humanas, pero de gigantescas proporciones, que se dirigía hacia el norte” (24). Al día siguiente encuentra a un extranjero sobre un témpano que le dice: “voy tras el que huye de mí” (26), a quien llama “monstruo” (27) y “enemigo” (27). Luego confiesa: “lo he perdido todo y me está vedado el comenzar una nueva vida” (30), a lo que agrega: “lo único que espero es un último acontecimiento que me permita descansar en la paz eterna” (32). Como algo sabemos de esta historia, suponemos que el extranjero es Víctor Frankenstein y que el enemigo perseguido es el monstruo creado por él, que el cine nos ha acostumbrado a llamar con el apellido de su creador. Cuando el extranjero empieza a narrar su historia desde el matrimonio de sus padres hasta el presente, los lectores volvemos siempre a la misma pregunta: ¿por qué el científico terminó persiguiendo al monstruo en el Polo Norte, tras perderlo todo? Como en el piloto de Breaking bad, o en su segunda y quinta temporada, a lo largo de todo el libro de Mary Shelley nos preguntamos cómo llegamos desde lo que nos están contando hasta el final que nos mostraron al principio.

El monstruo en la nieve

La tercera semejanza es más difícil de presentar resumidamente, pero podemos explicarla con el título de la serie del AMC. Breaking bad narra el proceso de conversión de un hombre bueno en uno malo (¿sabían que en latín convertere significa darse vuelta? Comparto este dato para justificar el estudio obligatorio de esa lengua en la universidad). La serie no es tan burda para contar esto, pero eso es lo que dice el título y lo que vemos desde el piloto. La sorprendente transformación del profesor de química apasionado en un asustado que pide perdón a través de una cámara es un anuncio de todos los cambios que el profesor Walter White experimentará en las cinco temporadas que dura la serie.

Breaking bad, Jesse

Frankenstein también presenta a un personaje bueno que se vuelve malo: el monstruo. En otro racconto, el del relato que hace la criatura cerca de Ginebra cuando lo suponíamos en Ingolstadt, un pueblo alemán a 500 kms. de distancia, ella cuenta que pasó muchos meses observando a una familia en secreto. Para ayudarla, el monstruo les cortaba leña y la dejaba frente a la casa (121). Para “vencer la repugnancia que [su] deformidad iba a causarles” (124) aprende a hablar su lenguaje. El monstruo quiere ganarse el amor de la familia. Cuando se siente preparado, entra en la casa y conversa con un viejo ciego, hasta que llegan sus hijos, los mismos que se beneficiaban con la leña cortada, se horrorizan y lo golpean con una estaca (146). Esto despierta en el monstruo deseos de venganza. “¡Qué placer hubiera experimentado entonces destruyendo la cabaña y disfrutando con los gritos de dolor de sus habitantes! […] ¿Por qué tenía yo que ser bueno y tolerante con quienes eran mis enemigos encarnizados?” (147). El proceso continúa hasta que Víctor se niega a crearle una compañera en el genial capítulo XX, donde el monstruo lo amenaza: “estaré contigo en la noche de bodas” (177). El fin del proceso se da justamente esa noche, por lo que el monstruo cuenta al final del libro: “a partir de aquel momento el mal se convirtió para mí en bien” (233). El mal se dio vuelta con el bien.

Frankenstein y el monstruo conversando

La cuarta semejanza es recomendada por Aristóteles en su Poética. Él dice que si un enemigo ataca a su enemigo solo sentimos piedad por el dolor real del que sufre. “No obstante, cuando el hecho trágico se produce dentro de la familia, es decir, cuando el asesinato o el daño es premeditado por el hermano contra el hermano, por el hijo contra el padre, por la madre contra el hijo, o el hijo contra la madre, tales son las situaciones que el poeta debe buscar” (1453b). Nuevamente, evitando dar información sobre la quinta temporada, me limito al piloto de Breaking bad, donde queda claro que habrá un conflicto entre dos concuñados, el cocinero de metanfetaminas Walter White y el agente de la DEA Hank Schrader. Un diálogo tan exquisito como el final de S05E09, entre enemigos íntimos, se da en el ya mencionado capítulo XX de Frankenstein. “Recuerda que me has creado poderoso. Sí, ahora te consideras desgraciado, pero piensa que yo puedo hacerte mucho más infeliz todavía. Tú eres mi creador, pero yo soy tu dueño. ¡Obedéceme!” (176). ¿No es ese el tipo de manipulaciones que Walter White realiza con prácticamente todos los personajes de la serie? Es la brutalidad de quien se sabe afectivamente vinculado al otro, aunque solo se profesen odio entre sí. Otra aplicación del consejo aristotélico es que en ambas historias los científicos temen que sus ambiciones perjudiquen a las personas que más quieren, los miembros de sus respectivas familias. Estos temores se confirman en los dos casos, lo cual nos lleva a la quinta y última semejanza.

Walt y Hank conversando

Esta surge de una coincidencia. El S05E14 se llama “Ozymandias” por el soneto de Percy Bysshe Shelley, que además fue recitado por Bryan Cranston en un video promocional de esta temporada. El poema cuenta la historia de un gran monumento destruido, símbolo del imperio de Ozymandias. “No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas”. La coincidencia es que el autor de este poema es el marido de Mary Shelley y que ambas obras, la novela y el poema, fueron publicados en 1818. Quizá se influyeron mutuamente, porque en las páginas finales de Frankenstein, Víctor se lamenta entre las solitarias y llanas nieves del ártico: “Todas mis especulaciones han sido reducidas a la nada, y como el ángel que aspiró insensatamente a la omnipotencia, he sido arrojado al infierno” (221). El científico ambicioso que alguna vez se dijo a sí mismo: “estudiaré fuerzas desconocidas y asombraré al mundo revelando los más profundos misterios de la creación” (54), ese personaje que trabajaba porque “habría nuevas especies que me bendecirían como a su creador, y otras que me agradecerían la excelencia del ser que yo iba a darles” (60), termina cayendo, tal como sucede en el poema que Breaking bad ha citado para anunciar la caída de otro científico ambicioso que lo ha perdido todo por su imperio, Walter White.

No seamos tan pesimistas al pensar sobre Víctor y Walter y esforcémonos en creer que algo bueno quedará de sus obras. Pensemos con el profesor Waldman que “los esfuerzos de los hombres de genio, aún los realizados en el más absoluto de los errores, rara vez dejaban de aportar algún conocimiento beneficioso para el género humano” (54).

Libros impresos citados

Aristóteles. Metafísica. Madrid: Gredos, 2008.
Shelley, Mary. Frankenstein. Santiago: Andrés Bello, 2003.

Las fuentes digitales están linkeadas en el cuerpo del texto.

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