Periodismo

Carlos Peña me dijo que soy perfecto

Palacio Subercaseaux

La mañana del sábado 9 de noviembre del 2013, el abogado, rector y columnista Carlos Peña dio una taquillera charla titulada ¿Qué pasa en Chile? En un reciclado Edificio Subercaseaux, el mismo que se incendió el 2007 en Valparaíso, Peña intentó resolver una paradoja de Chile. Según encuestas, los chilenos somos personalmente felices, pero nos sentimos insatisfechos ante las instituciones. Es decir, estamos felices y molestos a la vez.

¿Por qué pasa esto? Peña dio tres respuestas, cada una a partir de un pensador. El primero fue Pierre Bourdieu, según el cual habría una frustración al acceder a bienes anteriormente inalcanzables, que pierden prestigio al masificarse. Con esto se refería específicamente al movimiento estudiantil, donde la generación más educada en la historia de Chile, se queja por la falta de educación. En este tema, agregó desafiante que el movimiento estudiantil es la expresión más radical a favor del capitalismo en Chile, porque pedir igualdad y calidad en educación es querer que cada persona triunfe según sus esfuerzos individuales, que no son otra cosa que la meritocracia capitalista. La segunda respuesta surgió de David Hume, quien sostuvo que el cemento que mantiene unidas a las sociedades es una suma de acuerdos y una conciencia moral o red simbólica. El énfasis que en Chile hemos dado a los acuerdos del mercado nos ha hecho descuidar la unidad simbólica y los vínculos sociales. La tercera respuesta se basó en Samuel Johnson, quien decía que la vida no es un progreso de satisfacción en satisfacción, sino de deseo en deseo. Si la economía chilena mejora, la realidad seguirá pareciéndonos insuficiente por no tener un fin último alcanzable. Los deseos satisfechos no nos han vuelto felices, sino que han generado nuevos deseos, aquellos que actualmente nos tienen tan molestos. Agregó que Marx confirmó este planteamiento en sus teorías.

El párrafo anterior se basa exclusivamente en lo que dijo Carlos Peña porque yo no he leído nunca a Pierre Bourdieu ni a David Hume. Casualmente, pocos días antes de la charla había preguntado en algunas librerías santiaguinas por la Vida de Samuel Johnson de Boswell, y me dijeron que ya no lo vendían o que sencillamente no existía. Como no lo encontré en Chile, lo encargué a Inglaterra por Internet y uno de estos días debiese llegarme por correo. El hecho es que tampoco he leído a Johnson y, sin embargo, de él quise hablarle a Carlos Peña, cuando dio tiempo a las preguntas y comentarios del público.

Sospecho que como yo, la mayor parte de los chilenos tampoco ha leído a Johnson, y sin embargo pueden estar familiarizados con la idea que Peña tomó de él gracias a una cumbia que todos hemos cantado y bailado desde el 2008 en Chile. Descubrí esto en una clase de lenguaje que hice en octubre para un segundo medio, donde jugué la carta de la cultura popular para acercar el Romanticismo a mis alumnos. En esa clase, llevé una guitarra y canté “Creep” de Radiohead, “El dinosaurio Anacleto” de 31 Minutos y “Quiero ser libre” de La Noche, que es donde encontramos el planteamiento que Samuel Johnson había expresado en un libro que viene viajando hasta mi casa.

Con todas estas experiencias acumuladas, esperé que ofrecieran el micrófono para hacer preguntas al final de la charla y levanté la mano. Esto fue lo que dije cuando me dieron la palabra:

“A la cita de Samuel Johnson, que Marx habría retomado, me gustaría agregar un tercer texto que coincide en señalar que no nos movemos de satisfacción en satisfacción, sino de deseo en deseo. Quiero compartirlo porque se trata de un texto mucho más difundido en Chile, que confirmaría la masividad de esta idea en nuestro país. Me refiero a la canción ‘Quiero ser libre’ del grupo La Noche. Voy a recitar los primeros versos de este poema contemporáneo:
‘Hoy decidí romper cadenas, quiero escapar de mis quimeras, de la vida que elegí’.
Y bueno, después dice muchas veces ‘quiero ser libre, libre como el viento’, etc. Lo que me interesa es ese ‘quiero escapar de la vida que elegí’ porque lo entiendo de esta manera: ya fui libre de elegir una vida, pero ahora quiero ser libre y elegir nuevamente. Quiero ser libre de mi propia libertad. Es decir, no estamos nunca satisfechos con nuestra libertad porque siempre queremos más”.

La gente aplaudió mi intervención con alegría, quizá recordando alguna fiesta donde bailaron la cumbia citada, y Carlos Peña dijo “perfecto”, que probablemente fue una manera de calificarme a mí como persona y no a mi comentario ni a la canción de La Noche. Si mi interpretación es incorrecta, el título de este texto es una quimera de la cual, con La Noche, yo debiese escapar.

José Ignacio Stark, quien tuiteó en vivo las ideas principales de la charla, publicó lo siguiente cuando hablé.

Tweet de Stark

El único retweet es mío, así de narcisista e imperfecto.

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