Imágenes, Sociedad

“¿Quién controla realmente el mundo?”, folleto de los testigos de Jehová

Sentado en una plaza recibí un folleto de una señora que me dijo: “Tome. Es para entender por qué el mundo está como está”. Se me ocurrieron preguntas tontas para hacerle precisar a qué se refería con “el mundo” y con el redundante “está como está”. Ella daba a entender que su papelito doblado en dos me explicaría por qué el mundo es así actualmente, pregunta muy compleja porque debía comenzar definiendo ese “así”. Una manera lógica de responder habría separado la pregunta en al menos tres partes: ¿Qué entendemos por mundo? ¿Cómo está ese mundo? ¿Por qué está así? Como era de esperar, el folleto no trabajaba con tanta lógica, algo típico en estos textos que los testigos de Jehová reparten por las calles.

La portada del folleto tenía una pregunta más compleja que la de la señora: “¿Quién controla realmente el mundo?” Para simplificar su respuesta, ofrecía tres alternativas: “¿Diría que es Dios, el ser humano o alguna forma desconocida?” Mientras la señora buscaba explicar el estado actual del mundo, el folleto se preguntaba por algo que no cambia: quién controla eternamente el mundo. Otra cosa hubiese sido la pregunta “¿Quién está controlando realmente el mundo?”, donde el presente sí hubiese sido relevante como en la pregunta que escuché en la plaza. Desarmemos la pregunta. Primero se asume que algo controla el mundo, un algo personificado en un quién. Es decir, alguien controla el mundo. ¿Y eso qué significa? Habría que saber el sentido que se da a “mundo”y a “controlar”. La imagen nos ayudará.

Portada del folleto

Aunque la mano con forma humana pueda confundirnos, hay buenos argumentos para descartar la opción “el ser humano”. La imagen comunica que el mundo es el planeta Tierra y que su control consiste en moverla. Es decir, controlar el mundo es controlar la duración de los días y los años o, como enseñan en tercero básico, los movimientos de rotación y traslación. Ese movimiento no depende de los humanos. La prueba de ello es que la Tierra se movía igual cuando no había personas en el mundo y todo era amebas, cangrejos, conejos y monos, según enseña un juego. Está bien, no es una prueba tan contundente porque no tenemos testigos que nos informen sobre el día y la noche cuando no había humanos porque esos testigos tendrían que haber sido humanos para, digamos, atestiguar. Lo que sí tenemos bastante aceptado es que el mundo funcionaba antes de que que hubiera humanos, por lo que resulta improbable que de esta especie dependa el control del mundo. Nicanor Parra escribió: “El error consistió en creer que la tierra era nuestra, cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra”. Somos menos que ella.

Las otras dos opciones son más complejas porque se confunden entre sí. ¿Es Dios una fuerza desconocida? Si volvemos al problema de la rotación y la traslación de la Tierra, veremos que son movimientos causados por fuerzas conocidas gracias a Isaac Newton (y otras personas que mi simplísima Historia de la Ciencia desconoce). La traslación se explica por la fuerza de gravedad que el Sol ejerce sobre la Tierra y la rotación se mantiene porque en el espacio vacío no hay otras fuerzas que detengan este movimiento, según explica la primera ley de movimiento de Newton (y este sitio web). La física vuelve menos desconocidas a las fuerzas que controlan el mundo, pero no completamente. Entendemos que la rotación continúe, pero no sabemos qué manito la inició. En ese sentido, el control del mundo podría depender de Dios o de una fuerza desconocida. La pregunta no sería qué representa la mano del folleto, sino qué mente controla esa mano. Coherentes con su nombre, los testigos de Jehová diferencian a Dios de una fuerza desconocida porque no se puede ser testigo de algo sin conocerlo. Yo no creo que Dios sea una fuerza tan conocida. Creo que se necesita de un gran esfuerzo para conocer a Dios. San Agustín decía escribir sus Confesiones con ese fin: “¡Oh Dios que todo lo sabes! Haz que yo te conozca como tú me conoces a mí. […] Ésta es mi esperanza, y por eso hablo” (X, 1). ¿Nos ayudará el folleto a conocer a Dios? ¿Aprenderemos algo sobre el mundo luego de saber quién lo controla? Abramos el folleto para ver qué hay dentro.

Interior del folleto

El interior se divide en cuatro partes: una visual y tres escritas. Las escritas se titulan “Lo que dice la Biblia”, “Cómo nos beneficia saberlo” y “¿Hay razones para creer lo que dice la Biblia?” Al citar una fuente específica, la Biblia, se reconoce que el folleto no dirá La Verdad, sino que se limitará a compartir la visión de un único libro. Y esa visión única, al menos según el folleto, es bastante negativa. “El mundo entero está bajo el control del maligno”, dice citando la primera epístola de San Juan (5, 19). Esto me sorprende mucho porque antes, al preguntarme quién controla el mundo, había terminado por buscar quién creó el mundo, dado que no me parece aceptable la idea de que algo, después de crear el mundo, siguió modificándolo. El movimiento de la Tierra se definió de una vez de acuerdo a leyes que, según mis creencias, no volverán a cambiar. Tendría que variar la masa del Sol o la de la Tierra para alterar la duración de los años o la materia espacial para modificar la duración de los días. Pero el folleto no cree en esto, sino en una participación activa del Maligno controlando el mundo. Y eso es lo que me sorprende tanto, pues yo pensaría que si Dios creó el mundo, él lo controla o él definió quién lo controlaría. Resulta que la misma carta de Juan presenta a Dios como lo contrario del mundo. “Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo cuanto hay en el mundo –la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas– no viene del Padre, sino del mundo” (2, 15-16). Todo esto es muy extraño, aunque tiene sentido con la idea de que el cristianismo desprecia la carne por valorar más el espíritu. Cuando San Agustín buscó a Dios en las cosas que percibía con los sentidos, ellas le dijeron: “No somos Dios. Él nos ha hecho” (X, 6). Entonces investigó su propia alma y se preguntó por el funcionamiento de su memoria; buscó en su mundo interior al Dios que no encontraba en el mundo exterior. Montaigne coincide en observar que la reflexión nos aleja del mundo corporal cuando se explica la frase de Cicerón según la cual filosofar es prepararse para morir. “El estudio y la contemplación parece que alejan nuestra alma de nosotros y le dan trabajo independiente de la materia, tomando en cierto modo un aprendizaje y semejanza de la muerte” (I, 19). Sin embargo, los pensamientos de San Agustín y Montaigne, dos hombres que se distanciaron del mundo para investigar sus respectivas almas, nos alejan del folleto, cuyo diabólico mundo aparece representado en la imagen.

Arriba se ve un hombre de barba y cabellos canosos con una actitud que no puede corresponder con la bondad de Dios y que, por tanto, debe ser el Diablo. Abajo, en el mundo, se ven sus obras: políticos, sacerdotes, militares, alcohólicos y golpeadores. Me cuesta entender la selección de personajes. Asumo que todos ellos representan alguna forma del mal, aunque considero injusto enjuiciar así al político parecido a Clark Kent o al sacerdote que canta en un musical de Broadway con obedientes soldados marchando a sus espaldas. ¿Son malas estas personas? No defenderé la bondad de la guerra, pero atribuir su maldad a los soldados que siguen órdenes me parece inapropiado. Sin embargo, el folleto propone algo mucho peor: que el responsable del mal no es el ser humano, sino el Diablo. Esto transforma la pregunta de la portada en otra cosa. No importa quién controla la naturaleza, sino quién controla al ser humano. Y aunque algunos querríamos pensar que el ser humano se controla a sí mismo, el folleto nos exime de toda responsabilidad adjudicándola al Diablo.

¿Qué rol juega Dios en todo esto? La segunda cita a la epístola de Juan responde: “Por eso vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (3,8). De todas formas es extraño que Dios cree el mundo, lo deje bajo el control del Diablo y al final envíe a su hijo para recuperarlo. ¿Qué rol juega el ser humano en este ring? La respuesta está en la segunda sección escrita, donde se explica cómo nos beneficia saber que el Maligno controla el mundo: “Entenderemos la raíz de los problemas del mundo” y “tendremos razones para esperar un mundo mejor”. Entender y esperar, eso es todo. Nuevamente tiene sentido el nombre que se dan los testigos de Jehová. Un testigo es alguien que mira, que observa las obras del Maligno y espera ver el trabajo de Jehová por medio de su Hijo. Como no controlamos el mundo, solo debemos esperar que mejore cuando Dios quiera hacerlo.

Queda un último punto, quizá el más lógico de todo el folleto. Las respuestas han sido obtenidas de la Biblia, pero “¿hay razones para creer lo que dice la Biblia?” Lamentablemente, la lógica solo se queda en el título, pues las tres respuestas se basan en citas a la Biblia, algo tan absurdo como preguntarle a un mentiroso si es mentiroso. Dos razones no tienen ninguna relación con la pregunta (“El gobierno de Satanás está sentenciado” y “Jesucristo es el gobernante escogido por Dios”) y la otra es mi favorita. “Dios no puede mentir” es una afirmación que no prueba la verdad de un libro que nadie supone escrito por Dios. Además la frase “es imposible que Dios mienta” está sacada de contexto. Por lo que entiendo, la Epístola a los Hebreos dice en esa parte que Dios anunció descendencia y bendiciones a Abraham mediante una promesa y un juramento, “cosas inmutables por las cuales es imposible que Dios mienta” (6, 18). Yo no creo que Dios mienta, pero el fragmento permite suponer que sin prometer o jurar Dios sería capaz de decir algunas mentiras. Quizá nunca aprovechó esa capacidad o quizá la omnipotencia de Dios hace que todas sus mentiras se vuelvan realidad. Pero lo importante no este complejo debate, sino su irrelevancia para saber si podemos creen en la Biblia y, con ello, en el folleto que me entregó la señora de la plaza.

Para concluir, sintetizaré los puntos centrales del folleto en una nueva propuesta de redacción. La portada debiese reescribirse para preguntar algo que sí responda el interior del folleto. Algo como: “¿Quién controla realmente los actos humanos?” Los textos de adentro a la izquierda pueden quedar como están, explicando que según la Biblia el mundo está en manos del Diablo y que el Hijo de Dios vino a deshacer sus obras. (¿O sea que fracasó? ¿O sea que todavía no viene? ¿Y entonces quién era Jesús?) En la segunda sección se explica que este conocimiento nos beneficia para entender el mundo y esperar que con la intervención de Dios se vuelva un lugar mejor. La imagen puede mantenerse a pesar de que sus personajes no sean convincentemente malignos. Lo que necesariamente debe cambiar son las razones para creer en la Biblia. Mejor convertirlas en otra cosa o simplemente quitarlas. Finalmente, con todas estas fallas lógicas en un folleto tan chico, me acuerdo de algo que dijo el portugués Fernando Pessoa en el Libro del desasosiego: “Lo que sobre todo me impresiona, en estos maestros y sabedores de lo invisible, es que, cuando escriben para contarnos o para sugerir sus misterios, escriben todos mal. Ofende a mi entendimiento que un hombre sea capaz de dominar al Diablo y no sea capaz de dominar la lengua portuguesa. ¿Por qué el comercio con los demonios habría de ser más fácil que el comercio con la gramática?” (352).

Ofrezco la última página para que los lectores la comenten sin el ruido de mis interpretaciones

Ofrezco la última página para que los lectores la comenten sin el ruido de mis interpretaciones

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s