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Cómo elegir a tu pareja de vida

[Traducción al texto “How to Pick Your Life Partner – Part 1” de Tim Urban, originalmente publicado en Wait but why.]

Para un soltero frustrado, la vida puede sentirse así:

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A primera vista, las investigaciones parecen apoyar esto, sugiriendo que las personas casadas son en promedio más felices que las divorciadas. Pero un análisis mayor revela que si dividimos a las personas casadas en dos grupos basados en la calidad de su matrimonio, “personas que se consideran mal casadas son bastante más miserables, y mucho menos felices que las personas sin casarse. Las personas que se consideran bien casadas son incluso más felices de lo señalado por estudios previos”. En otras palabras, esto es lo que pasa en realidad:

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Los solteros insatisfechos debiesen considerarse en una situación neutral y esperanzadora, comparada con cómo podrían estar. Un soltero que quisiera encontrar una relación feliz está a un paso de ella, con una lista de tareas que dice: “1) Encontrar una relación feliz”. En cambio la gente con relaciones infelices está a tres escalones de distancia, con una lista de tareas que incluye “1) Soportar un quiebre destrozador de almas. 2) Recuperarse emocionalmente. 3) Encontrar una relación feliz”. No es tan malo si lo miramos así, ¿cierto?

La investigación sobre cuánto cambia la felicidad entre los matrimonios felices e infelices tiene mucho sentido. Claro, se trata de tu pareja de vida.

Pensar sobre lo tremendamente importante que es elegir una correcta pareja de vida es como pensar sobre lo inmenso que es el universo o en lo aterradora que es la muerte. Es algo tan profundo de internalizar, que no pensamos tanto en eso y permanecemos en una leve negación de su magnitud.

Pero, a diferencia de la muerte y el tamaño del universo, elegir una pareja de vida depende totalmente de nosotros, por lo que es fundamental conocer lo grande que es esa decisión y analizar los factores involucrados más importantes.

¿Cuán grande es este asunto?

Empieza por restar tu edad al número 90. Si vives una larga vida, ese es aproximadamente el número de años que vas a pasar con tu pareja de vida actual o futura.

Sé que nadie con más de 80 años lee este sitio web, así que no importa quién seas, eso es mucho tiempo, casi todo el resto de tu existencia.

(Claro, la gente se divorcia, pero tú no crees que eso te va a pasar. Un estudio reciente muestra que el 86% de las personas jóvenes asumen que su presente o futuro matrimonio durará por siempre, y no creo que las personas mayores se sientan de otra manera. Así que continuaremos asumiendo lo anterior.)

Cuando eliges tu pareja de vida eliges muchas cosas, incluyendo el compañero en la crianza de tus hijos, en quienes será muy influyente, un acompañante en alrededor de 20 mil comidas, tu compañero de viaje para unas 100 vacaciones, tu amigo principal para el tiempo libre y la jubilación, tu asesor psicológico y alguien que te contará su día unas 18 mil veces.

Así de grande.

Entonces, asumiendo que esto es por lejos lo más importante que querrás hacer bien en tu vida, ¿cómo es posible que tantas personas buenas, inteligentes y racionales terminen eligiendo una pareja que las dejará insatisfechas e infelices?

Al parecer, hay varios factores en contra de nosotros:

La gente tiende a ser mala en saber qué esperar de una relación

Se ha demostrado que la gente soltera es generalmente mala en predecir cómo serán sus verdaderas preferencias amorosas. Un estudio encontró que al interrogar sobre sus preferencias a quienes participan en citas rápidas, suelen descubrirse equivocados solo minutos después ante quienes terminan eligiendo para salir.

Esto no debiese sorprendernos. En la vida, no solemos mejorar en algo hasta haberlo hecho varias veces. Desafortunadamente, muy pocas personas tienen la oportunidad de estar en más de una relación antes de tomar su gran decisión. Simplemente no alcanza el tiempo. Considerando que las personas comprometidas y sus relaciones pueden tener necesidades muy diferentes a las que tendrían estando solteras, cuesta que un soltero sepa realmente qué quiere o necesita de una relación.

La sociedad está muy mal y nos da pésimos consejos

■ La sociedad nos recomienda seguir sin educarnos y dejar que solo nos guíe el romanticismo

Si estás dirigiendo un negocio, la sabiduría popular te convencerá de que serás mucho mejor si estudias ingeniería comercial en la universidad, creas planes de negocios bien pensados y analizas con cuidado el rendimiento de tu empresa. Esto es lógico porque así actuamos cuando queremos hacer algo bien, reduciendo la posibilidad de equivocarnos.

Pero si alguien fue al colegio para aprender cómo elegir una pareja de vida y tener una relación saludable, si trazó un detallado plan de acción para conseguir una y si mantiene su avance rigurosamente organizado en una planilla, la sociedad dirá que él es A) un robot demasiado racional, B) alguien demasiado preocupado por esto y C) un enorme bicho raro.

Cuando se trata de encontrar pareja, la sociedad sospecha de alguien que piensa demasiado en eso y recomienda confiar en el destino y el instinto. Si el dueño de un negocio aplicara estos consejos en su trabajo, probablemente fracasaría. Si triunfara, sería en gran medida gracias a la buena suerte, que es como la sociedad quiere que encontremos pareja.

■ La sociedad estigmatiza la expansión inteligente de búsquedas por parejas potenciales

En un estudio sobre qué dirige más nuestras elecciones de pareja, nuestros gustos o nuestras oportunidades, estas ganan por lejos. Nuestras elecciones de pareja son en un “98% una respuesta a las condiciones del mercado y solo un 2% a deseos inmutables. Propuestas para salir con gente alta, baja, gorda, delgada, profesional, educada o sin educación son más del 90% dirigidas por lo que ofrece la noche”.

En otras palabras, las personas terminan eligiendo entre las pocas opciones que tengan disponibles, sin importar cuán pobremente sus gustos coincidan con ellas. La conclusión obvia es que, aparte de las personas demasiado sociables, todos los que buscan una pareja de vida deberían estar frecuentando citas online, citas rápidas y otros sistemas creados para aumentar los candidatos de manera inteligente.

Pero la sociedad tradicional sospecha de ello y mucha gente sigue avergonzándose de haber conocido a su esposo en un sitio web de citas. La manera respetable de conocer a una pareja de vida es la suerte, tropezando con ella al azar o siendo presentados entre las pocas opciones disponibles. Afortunadamente, esta mala fama va disminuyendo, aunque su permanencia indica cómo la sociedad ha aceptado ilógicamente sus reglas para conocer personas.

■ La sociedad nos apura

En nuestro mundo, la regla principal es casarse antes de ser demasiado viejo, y “demasiado viejo” varía entre los 25 y 35 años, según donde vivas. La regla debiese ser “hagas lo que hagas, no te cases con la persona equivocada”, pero la sociedad desaprueba mucho más a un soltero de 37 años que a un casado infeliz de 37 años con dos hijos. No tiene sentido, el primero está a solo un paso del matrimonio feliz mientras el segundo debe prepararse para una infelicidad permanente o soportar un complicado divorcio solo para llegar donde está el soltero.

Nuestra naturaleza biológica no nos ayuda

■ Las características biológicas humanas evolucionaron hace mucho tiempo y no entienden la idea de tener una conexión profunda con una pareja por cincuenta años

Cuando empezamos a salir con alguien y sentimos la más ligera punzada de excitación, nuestro cuerpo adopta el modo de “bien, hagámoslo” y nos bombardea con químicos diseñados para aparearnos (el deseo carnal), enamorarnos (la luna de miel) y luego comprometernos a largo plazo. Nuestros cerebros pueden anular este proceso si no estamos tan convencidos, pero en los casos promedios donde lo correcto sería irse y buscar algo mejor, solemos sucumbir a la montaña rusa de la química y terminar comprometidos.

■ Los relojes biológicos joden todo

La mujer que quiera tener hijos biológicos con su marido tiene una verdadera limitación, la necesidad de escoger la pareja correcta antes de los cuarenta, más o menos. Este es un hecho bastante perjudicial que vuelve aún más estresante un proceso que ya era difícil. Igual, si dependiera de mí, preferiría adoptar un hijo con la pareja de vida correcta que tener hijos biológicos con la incorrecta.

***

Entonces, si tomamos un grupo de gente no muy buena en saber lo que quiere de una relación, rodeada por una sociedad que le recomienda encontrar rápidamente una pareja de vida sin pensar ni buscar mucho, y combinamos esto con un sistema biológico que nos droga cuando tratamos de resolver el asunto y nos promete dejar de producir hijos en poco tiempo más, ¿qué obtenemos?

Una confusión de decisiones basadas en malas razones y mucha gente arruinando lo más importante de su vida. Veamos algunos tipos comunes de personas que caen víctimas de todo esto y terminan teniendo relaciones infelices.

Román, el Romántico

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La desgracia de Román el Romántico es creer que el amor es una razón suficiente para casarse con alguien. El romance puede ser importante en una relación y el amor el ingrediente principal de un matrimonio feliz, pero no son suficientes sin un montón de otras cosas importantes.

La persona demasiado romántica ignora repetidas veces a la vocecita que intenta hablarle cuando él y su novia pelean constantemente o cuando él parece sentirse mucho peor que antes de empezar su relación, callando esa voz con pensamientos como “Todo pasa por una razón y la manera en que nos conocimos no pudo haber sido una mera coincidencia”. Cuando un romántico crea haber encontrado su alma gemela, dejará de hacerse preguntas y se aferrará a su amor durante 50 años de matrimonio infeliz.

Rosa, la Miedosa

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El miedo es uno de los peores tomadores de decisiones cuando se trata de elegir a la pareja de vida. Desafortunadamente, por como está organizada nuestra sociedad, el miedo infecta desde que tienen menos de 30 años a muchas personas generalmente racionales. Los miedos que nuestra sociedad (por nuestros padres y amigos) nos inflige nos llevan a tener parejas no demasiado buenas: el miedo a ser el último amigo soltero, a ser un padre viejo o incluso simplemente a ser comentados y juzgados por los demás. La ironía es que es que el único miedo racional que deberíamos tener es el miedo a estar infelices con la persona equivocada durante los próximos dos tercios de vida, un riesgo que corre el miedoso por querer cuidarse de otros riesgos.

El Influenciable Abel

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El influenciable Abel deja que otras personas jueguen una parte demasiado importante en la decisión de elegir su pareja de vida. Esa elección es profundamente personal, enormemente complicada, diferente para cada uno, y casi imposible de entender desde afuera, aunque conozcas muy bien a la persona. Por eso, las opiniones y gustos de otras personas no tienen por qué involucrarse en casos sin maltratos ni abusos.

El ejemplo más triste de esto es alguien que rompe con quien habría sido su adecuada pareja de vida basándose en la desaprobación externa o en un factor que al elector en realidad no le importa (como la religión), pero siente el deber de respetarlo por cumplir con las expectativas e insistencias familiares.

También puede pasar de la manera contraria, donde todos están maravillados con la relación de alguien porque se ve perfecta desde afuera, y aunque no es tan genial desde adentro, Abel escucha a los demás antes que a su propio deseo y termina malcasándose.

Dora, la Encuestadora

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Dora la Encuestadora está más preocupada de la descripción escrita en un formulario sobre su pareja que de la personalidad representada por esas palabras y tablitas. Hay un montón de celdas que ella necesita chequear: cosas como la altura, el prestigio laboral, el nivel de ingresos, los logros o quizás un item novedoso como ser extranjero o tener un talento específico.

Todos tenemos ciertas celdas impresas que nos gustaría aprobar, pero alguien demasiado dirigido por su ego priorizará las apariencias y el curriculum por sobre la calidad de su conexión con la posible pareja.

Una pareja que te parezca elegida más por las celdas llenadas que por su personalidad podría considerarse una pareja Scantron, que es como se llaman las hojas de respuestas para preguntas de alternativas, donde solo hay una manera correcta de llenar los espacios.

El Egoísta Stan

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El egoísta viene en tres variedades que pueden superponerse:

1. El “No soy monedita de oro”

Esta persona no puede sacrificarse ni comprometerse. Cree que sus necesidades, deseos y opiniones son simplemente más importantes que las de su pareja y necesita salir con la suya en todas las decisiones. Al final no quiere una pareja de verdad, sino continuar con su vida soltera teniendo a alguien al lado que la acompañe.

Esta persona terminará en el mejor de los casos con una persona fácil de llevar o, en el peor, con alguien manejable que tiene problemas de autoestima y sacrifica la oportunidad de tener una relación igualitaria, generalmente limitando la calidad de su matrimonio.

2. El Personaje Principal

El trágico defecto del Personaje Principal es vivir ensimismado. Él quiere una pareja que sea su terapeuta y gran admiradora, aunque estará desinteresado en devolver el favor. Cada noche, él y su pareja comentarán el día, pero el 90% de la conversación se centrará sobre el día de él. Después de todo, él es el personaje principal en la relación. Siendo incapaz de alejarse de su mundo personal, terminará con un acompañante como pareja de vida, algo que le dará 50 años bastante aburridos.

3. El Necesitado

Todos tenemos necesidades y a todos nos gusta resolverlas, pero hay problemas cuando la solución a esas necesidades se vuelve el gran motivo al elegir una pareja de vida. Que me cocine, que sea un gran padre, una gran esposa, que sea rico, que ordene bien, que sea bueno en la cama… Todas son grandes ventajas, pero son solo eso: ventajas. Ojalá que después de un año de matrimonio, cuando el Necesitado se haya acostumbrado a saciar sus necesidades y ya no se emocione por eso, haya otras partes buenas en su relación para no que no se sienta aburrido de por vida.

***

La gran razón por la cual estos tipos de personas terminan teniendo relaciones infelices es que están consumidos por una motivación que no toma en cuenta lo que realmente es una pareja de vida y qué la vuelve algo feliz.

¿Cómo tener una relación feliz para toda la vida? Tim Urban lo explora en la segunda parte de su texto, por ahora solo en inglés.

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Música

Lo que no te dije (Natalia Tabilo)

Disco de Natalia Tabilo

El disco Lo que no te dije de Natalia Tabilo tiene un único y gran tema: el amor. Se trata de un amor abstracto que no podríamos ubicar geográfica ni temporalmente. No hay nada que nos permita pensar que quien canta es chilena o que tiene 24 años. En No son para ti menciona unas cartas de amor y de manera difusa nos hace pensar en un teléfono que probablemente envía mensajes de texto y puede hacer llamadas, aunque en estricto rigor una llamada y un mensaje pueden realizarse sin un teléfono. El teléfono como única marca histórica muestra lo poco concretas de estas canciones. Si bien hay camas, noches, cielos, suelos, miradas, piel y besos, ninguno de esos elementos ata estas canciones a una realidad específica. Quizá el inglés como signo de estatus en Empieza con T nos permita descartar muchos siglos de la historia universal. Que solo sepamos la primera letra del nombre al cual se dirige la canción habla de esto mismo. Lo que realiza Natalia con esta T misteriosa es lo mismo que José Saramago en su Manual de pintura y caligrafía, cuyo protagonista se llama S:

“Darle nombre es fijarlo en un instante de su transcurso, inmovilizarlo, quizá en desequilibrio, darlo desfigurado. […] Cualquier nombre que empiece por esa inicial puede ser el nombre de S. Todos son sabidos y todos inventados pero ningún nombre le será dado a S.: es la posibilidad de todos ellos la que hace imposible la elección de uno” (25).

La conclusión de todo lo anterior es bastante obvia. Estamos ante un disco absolutamente pop que se dirige a un público muy amplio, aquel que haya sentido amor alguna vez, no importa si en Chile o en Tombuctú, si en el siglo XXI o antes de Cristo.

Lo que sí se puede desprender del disco es una manera de enfrentar el amor. En las canciones de Natalia Tabilo el amor no es nunca una felicidad presente, sino que siempre es una proyección hacia el futuro o el recuerdo de un pasado difícil de abandonar. Como dice Denis de Rougemont que no es el amor de Don Juan, quien solo disfruta el presente, en el disco el amor es “esperar y acordarse” (288). El amor es siempre un conflicto, un deseo insatisfecho que se busca realizar o anular.

La única canción que podría entender el amor como una esperanza es Si me vieras tú, que igual podría entenderse como una dolida mirada hacia el pasado por la parte en que dice “si te fijas mañana yo ya no estaré rodando en tu cama”. Por la reciente mención a los sueños en esa misma estrofa, supongo que este rodar en la cama forma parte de ellos (la imagen de rodar en la cama puede ser infantil como una vuelta de carnero o puede ser culta, como una referencia al andrógino platónico, ese ser esférico que unía las medias naranjas que Zeus separó). Todos los otros temas se refieren a un amor finalizado del cual quien canta se intenta recuperar o demostrar con excesivo orgullo haberlo superado. Ejemplo de lo primero serían En calma, Para no sentirme así, Te puedo extrañar y Por qué. Entre las orgullosas tenemos Borrar tu soledad, No son para ti, Me elijo a mí, Empieza con T y Ya no fue.

Las canciones que llamo orgullosas son tan dolorosas como las otras, y lo digo pensando también en temas de otros artistas. Por ejemplo, Norah Jones canta en una de sus canciones más bellas, al final del Feels like home, “I don’t miss you at all”. El verso, y toda la canción, podrían parecer literalmente orgullosos. ¿Pero quién necesita decir a alguien que no lo echa de menos? Solo quien sí lo echa de menos porque ni siquiera está dirigiéndose realmente a ese alguien. Norah Jones se dice a sí misma I don’t miss him at all, intenta convencerse con falso orgullo de que no echa de menos a su ex. Volviendo a Natalia, un ejemplo muy claro de esto se encuentra en la canción Me elijo a mí. Por el lado del orgullo tenemos “corre lejos de aquí, yo no te seguiré, hoy me elijo a mí”. Por el del dolor está el verso inmediatamente anterior: “te burlaste de mí y yo ahí me quedé sin nada que decir”. ¿Se elige a sí misma quien se quedó sin nada que decir cuando se burlaron de ella? ¿Decide ordenar al otro que corra lejos o la orden es más bien una petición resignada, una que adapta los deseos a una realidad preexistente? Una versión mucho más evidente de esta contradicción se encuentra en No son para ti, que empieza cantando “si escribo canciones de amor esta noche, no creas que son para ti”. Cantando le dice a alguien que ya no le está cantando más.

En estos dos temas se da otro fenómeno, el de negar la felicidad o realidad del amor que se intenta superar. En No son para ti dice al ex con demasiada simpleza sobre las cartas que le escribió: “no creas que de verdad lo sentí” sin dejar en claro a qué se refiere ese “lo”, que interpretamos como el contenido de las cartas. El mensaje sería que nunca sintió las cartas de amor que le escribió. Es simple porque consiste en una salida infantil de quien ha sido tomado en serio por una acción y, avergonzado por ella, se excusa diciendo que fue una broma o una mentira. Más interesante es lo que dice en Me elijo a mí: “casi tres años contigo y no me tuve a mí”. Aunque el gesto es básicamente el mismo, aquí al menos se dice algo más creíble, pues al terminar una relación uno puede descubrir dimensiones de sí mismo que había perdido por la vida en pareja. Sea o no cierto, es un buen pensamiento que permite sentirse mejor solo que acompañado. De hecho, esa es la función que cumplen estas canciones, que quien canta se demuestre que estuvo bien terminar, que no se necesita al ex.

Las canciones del recuerdo doloroso utilizan otra técnica para estar mejor, que es la búsqueda de una explicación. De manera general, se persigue una calma, la de quien no siente amor por nadie. “Quisiera no sentirme así, saber que todo terminó” dice una de ellas. “Solo te puedo extrañar” dice otra. Y está En calma, sobre lo difícil que es olvidar a alguien. La búsqueda de una explicación hace que la última canción del disco se llame Por qué. Este tema podría haber sido el mejor del disco si se hubiese atrevido a terminar con solo la voz y el piano (como la canción de Norah Jones que tanto me gusta). Aquí no hay orgullo ni interpretaciones de un fácil optimismo para quien sufre una pena de amor, sino que la desnudez que pierde la música con la aparición de la banda se mantiene en la letra hasta el final. Alguien que mira y escucha, que espera y que busca. Se trata de la representación más convincente del disco sobre el conflicto amoroso, al cual ya se han dado nueve soluciones que en la décima canción se descubren insuficientes. Después del orgullo y la pena, solo queda la perplejidad ante un sentimiento incomprensible.

Queda una pregunta final. ¿Qué significa el título Lo que no te dije? Por el contenido de las letras, podríamos suponer que lo no dicho es un sentimiento amoroso que persiste. El disco podría entenderse como una manera de decir cosas que fuera de él son indecibles. Sería una confesión personal, pero ya vimos que en estas canciones no parece haber una persona concreta, sino una mujer abstracta interesada en el tema de los quiebres amorosos, como siempre dicen que es Taylor Swift. Hace más de cuatro años, cuando entrevisté a Natalia para escribir una reseña sobre su My Space, ella me contó que solo las personas que la conocían muy bien eran capaces de descubrirla a ella en sus canciones. Después de la entrevista y la reseña, fui su pololo por más de dos años y medio y nunca encontré esa semejanza. Esto puede deberse a que no la conocí tan bien o a que estuve con ella en un periodo que no aparece en sus canciones, el del amor vivido en presente y no en futuro ni en pasado. Yo creo que la explicación es otra. Sospecho que Natalia no está en sus canciones, quizá porque así es el pop, muy abierto para que todos puedan entrar en él y para que, al mismo tiempo, nadie sea perceptible en él. Pienso que por eso el disco se llama Lo que no te dije. Porque en su vida ella es una persona y en sus canciones es otra, la que no te dijo.

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