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Abismarse a leer la vida misma

Ana lectora

Cuando Alexis Alejandrovich, el marido de Ana Karenina en la novela de Tolstói, descubre la posibilidad de que ella le esté siendo infiel, la novela dice que él “se veía cara a cara con la vida, afrontaba la posibilidad de que su mujer pudiese amar a otro y el hecho le parecía absurdo e incomprensible, porque era la vida misma” (176). Con este fragmento se deduce que los temas de Ana Karenina, el amor y el adulterio, son “la vida misma”. Páginas antes se dijo que según Ana, su marido, “muy competente en materia de política, filosofía y religión, no entendía nada de letras ni bellas artes” (139). Esto explicaría su dificultad para comprender la posible infidelidad de Ana.

Tras decir que Alexis no entiende “la vida misma”, su situación se explica metafóricamente: “Ahora experimentaba la sensación del hombre que, pasando con toda tranquilidad por un puente sobre un precipicio, observara de pronto que el puente estaba a punto de hundirse y el abismo se abría bajo sus pies. El abismo era la vida misma, y el puente, la existencia artificial que él llevaba. Pensaba, pues, por primera vez en la posibilidad de que su mujer amase a otro y este pensamiento le horrorizó” (176-177). Lo interesante de esta imagen del puente y el abismo, es que coincide con una frase muy breve que describe el acto de la lectura cuando Ana se dispone a realizarlo en un tren donde va muy distraída: “Era difícil abismarse en la lectura” (125). Si la lectura ideal es dejarse caer por un abismo, lo contrario es la existencia artificial que llevan personas como Alexis Alejandrovich. Por no leer literatura, él permanece en el puente artificial que lo mantiene seguro del abismo que la literatura ofrece para acceder a la vida misma. Luego reaparece el abismo en la mente de Alexis: “Por primera vez se imaginó la vida personal de su mujer, lo que pensaba, lo que sentía… La idea de que ella debía tener una vida privada le pareció tan terrible que se apresuró a apartarla de sí. Temía contemplar aquel abismo. Trasladarse en espíritu y sentimiento a la intimidad de otro ser era una operación psicológica completamente ajena a Alexis Alejandrovich, que consideraba una peligrosa fantasía tal acto mental” (178). Esto, exactamente esto, es la literatura. Darse cuenta de que las otras personas tienen una vida propia, que podemos conocer por medio de un ejercicio imaginativo. Quien no lee literatura no se atreve a lanzarse a ese abismo que más que la literatura y la vida misma son las otras personas. En ellas está la vida y lo literario. En ellas, en las otras personas, está el peligro de caer desde nuestro seguro puente de egoísmo.

Edición citada
Tolstói, Lev. Ana Karenina. Madrid: Espasa, 2010.

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