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Si Alonso Quijano hubiese sido escritor

Imitando Un problema de Borges, propongo algunas preguntas a partir de un fragmento del Quijote. Los amigos del copyright podrán ayudarme a encontrar otras personas que hayan tratado este asunto.

En el primer capítulo del Quijote, Quijana (Alonso Quijano en capítulos posteriores) alababa en un autor de novelas de caballería “aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra como allí se promete”.

Antes de protagonizar una novela, Quijana pensó en escribir el final de otra. ¿Qué hubiese pasado si lo escribía? Quizá, fascinado con la posibilidad de realizar sus sueños a través de la pluma, en textos que le hubiesen parecido tan reales como los que escribía, no habría necesitado salir de su casa a vivir las aventuras que hubiese tenido redactadas. Quizá, al descubrir el poder de la imaginación literaria, se habría dado cuenta de que la literatura puede no tener ninguna relación con la realidad y que, por tanto, los libros que él leía podían ser tan falsos como los que no llegó a escribir. Con este hallazgo, Quijana no se hubiese vuelto Quijote porque no se hubiese vuelto loco.

El fragmento citado permite otra pregunta: ¿se habrá inspirado Alonso Fernández de Avellaneda en el deseo no realizado de Quijana para darle fin al primer Quijote? Sumando estas preguntas, surge una final: ¿se habría vuelto Avellaneda un Quijote real si no hubiese escrito su apócrifa versión?

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Lecturas de Quijotes y venteros

En el capítulo III de la primera parte del Quijote, este personaje explica que no lleva dineros “porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído” (42). El ventero que lo armará caballero le hace ver su error, pues a pesar de que “en las historias no se escribía, por haberles parecido a los autores de ellas que no era menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trujeron” (43). La discusión opone dos maneras de leer: la literal del Quijote y la más abierta a suposiciones del ventero. La segunda, que rellena los vacíos del relato, se descubre más sensata mientras no se abuse de ella.

Este abuso es justamente el error de don Quijote al momento de leer la realidad, pues en lugar de aceptar lo literal, lo que los sentidos perciben, él rellena con suposiciones los espacios que considera vacíos si no contienen elementos caballerescos. “Todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído” (36). En este punto, el ventero nuevamente se muestra más sensato, pues aunque vive según una lectura literal de la realidad, tiene la capacidad de “seguirle el humor” (42) a don Quijote, fingir que las cosas son como en los libros, pero no por locura, sino “por tener que reír aquella noche” (42). Al ordenar caballero a don Quijote, el ventero se divierte porque sabe que juega en una ficción, mientras don Quijote lo vive todo en serio porque cree que la ficción es la realidad.

Esta oposición entre los dos personajes aparece en el segundo y tercer capítulo de la primera parte, cuando casi no conocemos al protagonista de la novela. Al diferenciarlo del ventero, el lector descubre rápidamente en qué consiste la locura que sostiene las aventuras de don Quijote: lecturas demasiado literales de los libros y abusivamente inferenciales de la realidad.

Edición citada:

Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Lima: Alfaguara, 2007.

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