Breve, Sociedad

El pasto del vecino

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Louis CK se subió a un avión con internet de alta velocidad. “Es lo más nuevo que he conocido. Iba sentado en el avión y nos dijeron: ‘Enciendan sus computadores, ya pueden usar internet’. Era rápido y me permitía ver videos en YouTube. Íbamos volando y la conexión se interrumpió. Nos pidieron disculpas porque el internet no funcionaba y el tipo que estaba al lado mío dijo: ‘Esto es una mierda’. ¿Tan rápido el mundo le debe algo que hace 10 segundos él ni siquiera sabía que existía?”

Los psicólogos Tom Gilovich y Shai Davidai estudiaron este fenómeno, que llamaron “La asimetría del viento a favor y en contra”. La idea es que al salir a correr nos quejamos mucho por el viento en contra, pero agradecemos muy poco el viento a favor. En otras palabras, uno se acostumbra rápido a lo bueno. La asimetría consiste en que pensamos más en los vientos en contra que en los que están a favor. Tiene sentido: si olvidamos los obstáculos tendremos accidentes, mientras que olvidando las ayudas no pasará nada malo, a excepción de una sola cosa: nos quejaremos por lo malo olvidando todo lo bueno que hay alrededor. ¿Han escuchado hablar de los first world problems? Son exactamente esto.

La investigación encontró diversas situaciones en que las personas se creen desfavorecidas respecto a los demás. Le pidieron a hermanos que se compararan, a miembros de partidos políticos que evaluaran los efectos del sistema electoral, a hinchas deportivos que opinaran sobre los próximos partidos que enfrentaría su equipo y a académicos respecto de sus disciplinas. El resultado fue unánime: todos consideraron que su situación era más difícil que la del resto. Los psicólogos evolutivos decían: “pucha, ojalá fuera un psicólogo social. Es mucho más fácil analizar a estudiantes universitarios que a guaguas”. Pero al preguntarle a los psicólogos sociales, ellos decían: “oye, los evolutivos sí que la tienen fácil. Hacen muestreos de seis a ocho personas, mientras nosotros tenemos que estudiar al menos cien casos en cada condición”. Y así con los hermanos, los políticos y los hinchas deportivos.

Junto a todo lo anterior, que solo comprueba lo que uno habría imaginado desde el principio, encontraron dos cosas interesantes. La primera es que si esos académicos estaban más conscientes de las dificultades de su área, se mostraban más dispuestos a realizar, digamos, “prácticas cuestionables” como publicar un mismo artículo en dos revistas a la vez, aparecer como coautor en un artículo donde no hicieron nada, etc. La solución parece obvia: si la gente rompe las reglas para compensar lo que las perjudica, hagamos que vean todo lo que las está favoreciendo. Pero aquí aparece el segundo descubrimiento.

Resulta que si hacemos eso, indicarle a alguien lo afortunado que es, no le va a gustar. La reacción común será una especie de: “¿qué te pasa? ¡Estás menospreciando mis logros!” y todo seguirá igual. En cambio, si le preguntamos: “¿qué papel ha jugado la suerte en tu vida?”, esa persona conectará mejor con sus vientos a favor y con lo afortunada que es. Esto sugiere una política de pregunta-pero-no-digas para que la gente valore su situación y viva más contenta con su vida, sin quejarse tanto.

Fuente: Podcast Freakonomics: Why my life is so hard?

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