Diario

Ideas del puerto

8 de noviembre 2014
9:40. Sentí un viento frío que, por estar en Valparaíso, me pareció marino. ¿Será marino ese viento o solo es viento frío? ¿Estoy sintiendo algo que no encuentro en Santiago o es más de lo mismo, solo que lo siento porque los turistas sentimos más? ¿Sentimos más los turistas?

9:52. Yo pensaba que todas las antenas tenían que mirar hacia una misma dirección en busca de un mismo satélite. Si estas antenas son como girasoles, miran un cielo lleno de soles.

Antenas

9:57. Un hombre caminando con unas bolsas de almacén me dice: “Una consulta. ¿Tú eres de acá? No vayas para arriba. No es por meter miedo. Andan carabineros, pero igual. Para abajo sí, arriba no”. Cuando miré hacia arriba me encontré con las ventanas de este segundo piso. Rápidamente caminé hacia abajo, sintiendo las miradas embalsamadas sobre mi espalda.

Muñecas

11:45. Se ve que Matías Rivas estudió las otras entrevistas que han hecho a Leila Guerriero porque hizo una síntesis de todas las preguntas que siempre le hacen, en el mismo orden. La presenta más como escritora que como periodista, le pregunta por su relación con la literatura, con sus personajes, sus lecturas, su trabajo como editora… Ella dice las respuestas que el tiempo le ha ido fijando. Es graciosa, interesante, pero no está pensando ni creando nada nuevo sobre el escenario.

12:27. ¿Cómo perderse en una ciudad? En Valparaíso funciona seguir las indicaciones peatonales de GoogleMaps. Para ir de un punto a otro me recomendó escaleras que nunca se me hubiese ocurrido tomar, caminos inexistentes y calles que me alejaban de mi destino. Me descubrí caminando en contra de lo recomendado por el mapa, siguiendo una brújula mental invertida. Al final hice lo de las grandes ciudades: seguí una calle grande, Google aceptó diseñar una ruta menos interesante y llegué adonde iba.

Mapa

13:25. Pablo Valenzuela defiende la curiosidad inútil porque terminará siendo útil. Defiende lo inútil confiando en que dejará de serlo. En realidad pide paciencia. Recuerdo el discurso donde Stanley Fish se niega a explicar la utilidad de la literatura porque ella no necesita razones externas. Se justifica por sí sola. Puede ser inútil sin perder su valor. En cambio Valenzuela sigue presentando científicos curiosos que ganaron premios Nobel, algo tan concreto como la utilidad. ¿Se podrá defender a un científico alternativo, como se recomendaría un poeta poco conocido? ¿Por qué es diferente decir “vean este verso que nadie ha leído” y “miren este descubrimiento que la academia ha ignorado”? ¿Serán tan unánimes los juicios científicos? Esto parece así porque las historias de científicos los presentan como predestinados al éxito y el reconocimiento, saltándose la parte en que nadie les prestó atención.

13:51. Valenzuela describió sus experimentos con ratones, a quienes inyecta células cancerígenas sin darse cuenta de que podría haber quedado como una persona cruel por sacrificar animales enfermos de lo que él mismo les inyectó. Una broma hubiese bastado para salvarlo. Compararse con un asesino. Cualquier cosa. Total, ya tenía al público ganado. A la salida me encontré con estos tubos: en el Parque Cultural de Valparaíso tampoco se disimulan los asesinatos de ratones.

Veneno

21:44. El panel “Pelando a Parra” cumple con lo que promete. Adán Mendez, Matías Rivas y Alejandro Zambra comparten sus experiencias de haber trabajado con Nicanor Parra. Para cumplir la promesa, pelan como suponen que debiese hacerse: con humor. Pero los panelistas no son graciosos. Me incomoda Rivas, que cuenta todo lo que recuerda sobre Parra, a ratos como queriendo demostrar que realmente lo conoce o que es un buen contador de anécdotas. Solo consigue lo primero. Los mejores momentos son los que escapan a la promesa de pelar a Parra, en los que Zambra reflexiona sobre la obra del poeta. Cuenta que a los chilenos nos cuesta leer a Parra, que sigue siendo incómodo y que el poeta elige con muchísimo cuidado cada palabra que publica, según él mismo pudo observar al corregir Lear: rey & mendigo. Mendez contó una muy buena anécdota de cuando Parra se puso pesado con él suponiendo que le había robado una corbata regalada por Borges. Mendez dijo sentirse alagado por la equivocada sospecha: significaba que según Parra, él sería capaz de identificar una corbata de Borges con solo mirarla.

9 de noviembre 2014
10:09. Subir y bajar las escaleras de Valparaíso me recordó a Toyland, una oscura escalera del Apumanque con luces intermitentes de colores y estímulos interactivos. Había un teclado gigante que subía como una baranda y al tocarlo emitía notas musicales que se perdían en la fuerte música del lugar. No sé para qué habrá existido Toyland. En internet dicen que era la entrada a una juguetería. Yo creo que su gracia era que no servía para nada. Parecía una discoteque para niños que no buscaban conocer a nadie.  ¿Será así Valparaíso?

Escalera

11:40. La charla de Pablo Chiuminatto es la más TED que he visto en este Puerto de Ideas: rápida, visual, graciosa, estimulante, motivadora. Esto es intencional: su presentación cita varias de esas charlas para obtener datos e ideas de ellas, además de sus formas. Tiene esa perspectiva muy TED que permite hacer críticas sociales fuertes que la audiencia acepta porque son dichas con simpatía. Chiuminatto combate el conservadurismo del conocimiento, el temor al cambio tecnológico y la falta de adaptación. Termina hablando contra el sistema educacional actual y saca aplausos cuando dice que los educadores especializados, en lugar de viajar a estudiar los sistemas de Finlandia, Suiza y Singapur, debiesen recorrer Chile para conocer mejor nuestra realidad y desarrollar un sistema que se adapte a ella. Esta apertura de su discurso también es coherente con su presentación, de la cual muchos datos e imágenes han sido obtenidos de sus mismos alumnos, según él mismo cuenta. Si no ha recorrido Chile, al menos vemos que ha recorrido su sala de clases y que ha integrado los conocimientos de sus estudiantes en lo que él enseña.

11:53. Norma y amenaza.

Advertencia

11:58. Un joven juega con un niño a patear una pelota contra una botella plástica. Una mezcla de fútbol, golf y bowling. Cuando el niño tiene la pelota al lado de la botella, lista para ganar, se da vuelta y dispara en una dirección cualquiera. El joven no puede entenderlo. ¿Qué pasó? El niño disfruta chutear la pelota sin ningún objetivo. Es como según Pablo Valenzuela debiesen ser los científicos, pero de verdad.

Deporte

12:11. Las llaves de agua en los baños del Parque Cultural de Valparaíso no permiten que ambas manos se laven a la vez. Una tiene que apretar el botón mientras la otra se lava por sí sola. Jerry Seinfeld observaba lo mismo en los baños de aeropuertos y los comparaba con la cárcel de Alcatraz. Tiene sentido. Antes de que esto fuese un espacio cultural aquí había una cárcel. Se fueron los presos, pero dejaron sus llaves de agua.

Baño

12:23. Unas señora le comenta a otra: “me gustan las cabezotas que hablan en sencillo”. Le gustan las cabezotas que hablan en idioma cabecita. A mí también.

14:03. Gran charla de Claudia Campaña sobre arte y simbología. Proyectó la imagen de una manzana roja como la de su desayuno diario. Ahí la fruta es buena salud, ¿pero qué pasa si está en la mano de una mujer desnuda junto a un árbol y una serpiente? De Eva pasó a Adán, a la pérdida del paraíso, la Virgen María y Cristo, hasta los Beatles y el arte contemporáneo. La lectura de un símbolo tiene que ser en relación con otros símbolos. Por eso ella quería seguir hablando, porque para entender una manzana hay que saber demasiadas cosas. Al final me perdí entre tantos referentes. Es un riesgo que se corre al hablar sobre lo que apasiona demasiado. El oyente se pierde, pero sale vibrando con algo de esa pasión.

14:08. Salgo de la última charla y pienso cómo cerrar estas notas. Decido que no importa, que lo primero que vea servirá. Levanto la vista y encuentro un cementerio. ¿Es ese mi final del Puerto de Ideas 2014? No es la muerte, sino bajar el cerro y volver a la vida. Dejar este viaje extraordinario para volver a la planicie cotidiana donde los vientos fríos volverán a ser vientos fríos.

Final

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Periodismo

Carlos Peña me dijo que soy perfecto

Palacio Subercaseaux

La mañana del sábado 9 de noviembre del 2013, el abogado, rector y columnista Carlos Peña dio una taquillera charla titulada ¿Qué pasa en Chile? En un reciclado Edificio Subercaseaux, el mismo que se incendió el 2007 en Valparaíso, Peña intentó resolver una paradoja de Chile. Según encuestas, los chilenos somos personalmente felices, pero nos sentimos insatisfechos ante las instituciones. Es decir, estamos felices y molestos a la vez.

¿Por qué pasa esto? Peña dio tres respuestas, cada una a partir de un pensador. El primero fue Pierre Bourdieu, según el cual habría una frustración al acceder a bienes anteriormente inalcanzables, que pierden prestigio al masificarse. Con esto se refería específicamente al movimiento estudiantil, donde la generación más educada en la historia de Chile, se queja por la falta de educación. En este tema, agregó desafiante que el movimiento estudiantil es la expresión más radical a favor del capitalismo en Chile, porque pedir igualdad y calidad en educación es querer que cada persona triunfe según sus esfuerzos individuales, que no son otra cosa que la meritocracia capitalista. La segunda respuesta surgió de David Hume, quien sostuvo que el cemento que mantiene unidas a las sociedades es una suma de acuerdos y una conciencia moral o red simbólica. El énfasis que en Chile hemos dado a los acuerdos del mercado nos ha hecho descuidar la unidad simbólica y los vínculos sociales. La tercera respuesta se basó en Samuel Johnson, quien decía que la vida no es un progreso de satisfacción en satisfacción, sino de deseo en deseo. Si la economía chilena mejora, la realidad seguirá pareciéndonos insuficiente por no tener un fin último alcanzable. Los deseos satisfechos no nos han vuelto felices, sino que han generado nuevos deseos, aquellos que actualmente nos tienen tan molestos. Agregó que Marx confirmó este planteamiento en sus teorías.

El párrafo anterior se basa exclusivamente en lo que dijo Carlos Peña porque yo no he leído nunca a Pierre Bourdieu ni a David Hume. Casualmente, pocos días antes de la charla había preguntado en algunas librerías santiaguinas por la Vida de Samuel Johnson de Boswell, y me dijeron que ya no lo vendían o que sencillamente no existía. Como no lo encontré en Chile, lo encargué a Inglaterra por Internet y uno de estos días debiese llegarme por correo. El hecho es que tampoco he leído a Johnson y, sin embargo, de él quise hablarle a Carlos Peña, cuando dio tiempo a las preguntas y comentarios del público.

Sospecho que como yo, la mayor parte de los chilenos tampoco ha leído a Johnson, y sin embargo pueden estar familiarizados con la idea que Peña tomó de él gracias a una cumbia que todos hemos cantado y bailado desde el 2008 en Chile. Descubrí esto en una clase de lenguaje que hice en octubre para un segundo medio, donde jugué la carta de la cultura popular para acercar el Romanticismo a mis alumnos. En esa clase, llevé una guitarra y canté “Creep” de Radiohead, “El dinosaurio Anacleto” de 31 Minutos y “Quiero ser libre” de La Noche, que es donde encontramos el planteamiento que Samuel Johnson había expresado en un libro que viene viajando hasta mi casa.

Con todas estas experiencias acumuladas, esperé que ofrecieran el micrófono para hacer preguntas al final de la charla y levanté la mano. Esto fue lo que dije cuando me dieron la palabra:

“A la cita de Samuel Johnson, que Marx habría retomado, me gustaría agregar un tercer texto que coincide en señalar que no nos movemos de satisfacción en satisfacción, sino de deseo en deseo. Quiero compartirlo porque se trata de un texto mucho más difundido en Chile, que confirmaría la masividad de esta idea en nuestro país. Me refiero a la canción ‘Quiero ser libre’ del grupo La Noche. Voy a recitar los primeros versos de este poema contemporáneo:
‘Hoy decidí romper cadenas, quiero escapar de mis quimeras, de la vida que elegí’.
Y bueno, después dice muchas veces ‘quiero ser libre, libre como el viento’, etc. Lo que me interesa es ese ‘quiero escapar de la vida que elegí’ porque lo entiendo de esta manera: ya fui libre de elegir una vida, pero ahora quiero ser libre y elegir nuevamente. Quiero ser libre de mi propia libertad. Es decir, no estamos nunca satisfechos con nuestra libertad porque siempre queremos más”.

La gente aplaudió mi intervención con alegría, quizá recordando alguna fiesta donde bailaron la cumbia citada, y Carlos Peña dijo “perfecto”, que probablemente fue una manera de calificarme a mí como persona y no a mi comentario ni a la canción de La Noche. Si mi interpretación es incorrecta, el título de este texto es una quimera de la cual, con La Noche, yo debiese escapar.

José Ignacio Stark, quien tuiteó en vivo las ideas principales de la charla, publicó lo siguiente cuando hablé.

Tweet de Stark

El único retweet es mío, así de narcisista e imperfecto.

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