Imágenes, Libros

¿Por qué buscamos a Wally?

Wally

A nadie le gusta perder cosas ni tener que buscarlas: nadie se alegra al no saber dónde dejó las llaves de su casa. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo se han interesado en unos libros donde un dibujante ha escondido cientos de dibujos, incluido el de una llave: los ¿Dónde está Wally? de Martin Handford. ¿Por qué buscar en una imagen es divertido mientras buscar en una casa es sumamente aburrido?

Primero está el título. ¿Dónde está Wally? invita a buscar al personaje que lleva ese nombre, quien siempre aparece en la portada de los libros. Wally es un hombre alto y delgado que lleva gafas circulares, gorra y camiseta con líneas horizontales blancas y rojas, pantalones azules y zapatos cafés. En los primeros libros era más fácil encontrarlo porque al ojo le bastaba rastrear esos colores para llegar al personaje. Después Wally tendió a mostrar únicamente su rostro, perdido entre muchos otros objetos, para que el juego resultara más difícil y duradero. Porque esa es una diferencia: cuando buscamos las llaves queremos encontrarlas lo antes posible, mientras que con Wally pasa lo contrario porque los juegos requieren de cierta duración para ser entretenidos.

¿Cómo buscamos a Wally? Lo primero que hace el ojo es recorrer toda la imagen en busca de alguna lógica, de una estructura, algo que Handford nos pone difícil al eliminar un horizonte que divida la página en dos y al evitar las figuras centrales que dirijan alguna acción de los personajes. En ciertos puntos predominan algunos colores, como cuando cambia el suelo de fondo o la densidad de los dibujos. El ojo identifica esas excepciones para construir una especie de mapa mental que organice la imagen en zonas más pequeñas y así buscar con un orden a Wally, pero la multiplicidad de elementos dificulta el hallazgo de esa organización. Pasa como al buscar las llaves. Uno empieza revisando el mueble donde siempre las deja, luego inspecciona los bolsillos, la mesa que está en la entrada de la casa y después los alrededores de esos tres lugares. Cuando este sistema falla, cuando no se encuentra lo buscado en los lugares donde debiese estar, se renuncia a la lógica y se inicia una búsqueda completamente azarosa. Se abren todos los cajones, se mira bajo la cama, se busca en los rincones e incluso se levanta la alfombra, aunque su forma plana ya indique que no hay nada bajo ella. Este paso de una búsqueda organizada a una dispersa se da también al buscar a Wally, pero de manera mucho más rápida y menos notoria porque ante el libro el cuerpo permanece inmóvil y lo único que trabaja es el ojo y la mente, junto a los movimientos que hace la cabeza para apoyar al ojo. Él sigue recorriendo toda la imagen, como cuando buscaba una lógica, pero ya sin utilizar las excepciones visuales que se relacionarán entre sí, sino como puntos de partida para buscar en sus alrededores, semejante a la búsqueda de las llaves cerca del mueble, pero con menos esperanza. Porque Wally está escondido con astucia, en un lugar donde el ojo no llegará automáticamente.

Hasta aquí no se entiende la diferencia entre buscar las llaves del auto en una casa y a Wally en una imagen. Solo dijimos que para las llaves nos movemos con todo el cuerpo, mientras que ante el libro podemos mover únicamente los ojos, oposición que no explica la preferencia por Wally. La comparación se agota en este punto y recurrimos a otra que antes no hubiese servido. Es el diccionario. No nos servía para lo descrito hasta aquí porque el diccionario sí tiene un orden lógico y previsible, el del alfabeto. Por ello nuestra búsqueda de palabras no es azarosa como la de Wally y las llaves. No obstante hay un elemento de azar en el diccionario, y es que por compartir letras iniciales pueden encontrarse juntas palabras muy diferentes. Por ejemplo, “llaulláu” justo antes de “llave”, que es un hongo chileno criado en los árboles. Saber esto no nos sirve de nada para encontrar la llave, pero nos resulta interesante, tal como entender las situaciones ilustradas por Martin Handford no nos sirve para encontrar a Wally. ¿Por qué nos interesan las palabras e imágenes que no andábamos buscando? Porque somos curiosos y porque, en los libros de Wally, nos da gusto encontrar elementos cómicos.

Dos casos de estos elementos cómicos se encuentran en las esquinas inferior izquierda y superior derecha de “El combate de las frutas”, en El libro mágico. Abajo se ve un grupo de manzanas con nombres de días de la semana que con una actitud amenazante impiden el paso a una pareja de médicos sorprendidos. Esta extraña situación se comprende al recordar el refrán inglés “one apple a day, keeps the doctor away” (“una manzana diaria mantiene lejos al doctor”). En la esquina contraria se ve un dibujo de Nueva York, presente en el combate de las frutas porque comúnmente se llama La Gran Manzana a esa ciudad. Sin defender la calidad de estos chistes, sostengo que su presencia estimula el recorrido por la imagen porque suma a la de Wally una nueva búsqueda, la de lo gracioso. Además, los casos basados en juegos de palabras indican la relación directa que Handford establece entre imágenes y palabras. De partida, el título de su libro nos invita a buscar la imagen de lo nombrado por la palabra Wally, algo que se repite en la última página del libro, donde hay una lista escrita de objetos para buscar en la imagen (un kiwi, un plátano saltarín, etc.). Esto nos lleva nuevamente al diccionario, pues los elementos en las imágenes de Handford funcionan en muchos casos como significantes a los cuales se debe asignar un significado exacto para captar los chistes. Así se explica parte del gusto por estas imágenes, que ofrecen adivinanzas con soluciones graciosas.

Detalle doctoresGran Manzana

Buscar a Wally es entretenido porque funciona como una excusa para recorrer una imagen llena de elementos por descifrar. Wally se vuelve la meta de un viaje cuyo camino crea azarosamente el observador. Parece una búsqueda, pero es la observación detallada y completa de una imagen. Y el gusto está ahí, en pasar un buen rato mirando una imagen con detención, mientras se cree buscar un personaje. Por eso entretiene más que la búsqueda de llaves, porque el verdadero objetivo no está en el encuentro final, sino en el proceso de buscar.

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